Nunca mais

Publicado por Victor Plaza en

Movistar Estudiantes se queda en ACB una temporada más. Tras un año horrible, llega el alivio. Fin del dolor, que no del olvido. No se puede repetir un año como este. No se deben volver a cometer los mismos errores.

‘Pa’ fuera lo malo, como decía el verdadero hit de Eurovisión. O para el final de esta crónica. Hoy, solo hoy y por unas horas, debe prevalecer la alegría, la euforia de una salvación en una liga tan competida como la ACB.

Porque la afición (estos sí) merece celebrar tras en sufrimiento. Hoy gran entrada al Palacio y, lo que es más importante, mejor ambiente en los minutos calientes. Seguramente varios de los errores de Obradoiro en el último cuarto se deban al factor ambiental. El público, siempre, siempre responde. Que Estudiantes sea el tercer equipo ACB que más gente meta en su pabellón, tal y como están las cosas en el club, es un valor incalculable.

Se vivió una de esas grandes mañanas. Hubo de todo: risas, llantos, desesperación, enfados, vítores, aplausos…Repetidas hasta la saciedad las mismas imágenes: las de Alessandro Gentile golpeando al poste, jugando a su ritmo. Mortífero, como una inyección letal, lenta pero constante. 27 puntos anotó el italiano, con un espectacular 10/13 en tiros de dos puntos. Para esto vino Ale. Veni, vidi, vici. Honores.

Imágenes como las de Darío Brizuela. Medio lesionado, le impidió brillar desde el inicio. Fue hasta un engorro para el equipo en algunos minutos. Pero en el clucth, en el momento de los valientes, él y siete puntos consecutivos. Nuestro MVP,  la joya de la cantera, el referente en cada uno de los partidos, cierra el círculo. Se irá -más dinero y mejor proyecto deportivo en cualquier otro lado- pero lo hace salvando a su equipo. Y llorando a rabiar. Nadie lo vive como él.

Instantáneas como las de Omar Cook. El gran líder sobre la pista, junto con Nik. Qué último cuarto, mamma mía. Robos, recuperaciones, asistencias y un clinic de veterano. Cómo desquiciar al rival, como sacarse faltas de la manga. Y en qué momento de la temporada. Hay muy pocos ‘Cooks’ en esta liga, con una inteligencia y una mente fría tan brillante.

Momentos como los de Shayne Wittington. Llegó y enamoró a todos. Después, como en toda relación, un bajón: irregularidades en su juego fueron otra de las causas de la mala racha de Estudiantes (10 de 11 partidos perdidos). Y hoy, en el partido más importante, su regreso: 14 puntos y tres triples vitales en la segunda mitad. Y celebración de rigor con la Demencia al final.

Gestos como los de Nik Caner-Medley. La conexión con la grada, siempre. El amor por unos colores. Pasión, esfuerzo. Con 35 palos, se dejó todo. Capturó otros 12 rebotes, que le coronan como el mejor del país en esa faceta. Y para los dementes, el mejor en todo. Es su segunda etapa como colegial, y ya es uno de los americanos más icónicos de la historia del Club. Y no son pocos los que han vestido esta elástica. Merece este final del cuento como nadie.

 

Esos son los protagonistas principales. Con esos a un nivel por encima de la media, Estudiantes ha conseguido la ansiada salvación. Los que han estado siempre, los que repetíamos en cada crónica, en cada texto. En las buenas y en las malas.

Mención especial para Gian Clavell. No ha rendido al nivel esperado (¿sobreestimado?), pero se ha dejado el alma por esta plantilla y estos compañeros. Compañeros como Ludde Hakanson, por momentos determinante (hoy mismamente despertó al equipo cuando peor pintaban las cosas) pero por otros muchos intrascendente, especialmente en el puesto de base. O como Edgar Vicedo, caso aparte esta temporada. Capitán y poco más en cuanto a rendimiento deportivo. Es recuperable, seguro.

Y los menos habituales: Víctor Arteaga, inaudito desde su lesión en la mano; Fotis Lampropoulos, hoy horrible, pero que ayudó a mantener una rotación digna en la pintura; Goran Suton, que desapareció hace meses; Junior Etou, merecida renovación pese a llevar solo 2 meses en Madrid, con proyección de jugadores interesante, pasional, físico…que no se escape; y Adams Sola, el futuro inmediato, al que hay que darle cancha para que no se quede solo con responsabilidades defensivas.

 

Ahora es la hora

Normalmente es un cántico utilizado en instantes decisivos, con los nervios a flor de piel. En este caso, es una llamada al sentido común. A la autocrítica. A la retrospección. No se recuerda una temporada tan bochornosa, siendo el último tramo el que tiene un impacto más grande en los análisis, como es normal en cualquier competición deportiva.

Un año que se ha salvado sin un entrenador competente al mando y con una dirección técnica que no ha acertado en casi nada. Salvar los muebles y perder el suelo, aún a tiempo de arreglo. Berrocal no debe seguir siendo el entrenador de Estudiantes. Ahora es momento de irse, cumpliendo el objetivo y nada más.

Hoy, y todos los meses, le han salvado los de siempre. Los Brizuela, Gentile, Cook y compañía. Pero también hoy se han visto desplantes, cuando la tormenta más golpeaba y el temor recorría cada uno de los asientos del palacio. Clavell, Hakanson y Vicedo no entendían las rotaciones del entrenador, y así lo dejaban constancia, con evidentes gestos de enfado y cabreo. Realmente, nadie lo entendió. Una gestión extraña, carente de sentido, que a punto estuvo de volver loca a la plantilla en el mismo partido. El primer tiempo muerto lo pidió a dos minutos del final del partido (inaudito), después de dos remontadas de Obradoiro.

El Wizink era un clamor…y entre la alegría, una pitada, sonora, contundente: a Berrocal y Willy Villar, que abandonaron la pista juntos. La gente no olvida. Que la paja en el ojo no impida ver la viga que hay detrás. Que el alivio de la salvación no indulte las carencias en la gestión de la temporada.

El año que viene, más, y seguramente mucho mejor. En Primera, donde siempre desde hace 60 y tantos años.

Fotos: Club Estudiantes


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