Crucifixión

Publicado por Victor Plaza en

Dicen los Evangelios que Jesús de Nazaret, antes de ser crucificado, sufrió toda clase de torturas, vejaciones y sufrimientos. Dicen, suponen, que él aceptó su destino, resignado y abatido. Cuentan, escriben, que tenía a toda Judea en contra y su muerte fue deseada, justa y hasta celebrada.
Pero también aseguran que resucitó a los tres días. Un domingo, concretamente.

A estas horas, Estu de Ramiro sufre en la cruz, esperando su final. Había logrado escapar en tres ocasiones, pero su destino es imperturbable. Ahora está colgado, mirando hacia no se sabe dónde, reflexionando en sus últimas horas por aquellos montes ACB. A su izquierda, yace Gipuzkoa, sentenciado desde hace semanas. A su derecha, otro moribundo que viste de negro y, sorprendentemente, parece recuperado de sus heridas y está a un paso de escapar, colina arriba. Solo el guardia del fondo, con traje verdinegro, puede impedir su huida. Estudiantes, que es amigo, no tiene ni fuerzas para llamarle. La situación es grave.

Es lógico, porque el camino hasta la Cruz ha sido tortuoso. Dramático. Estudiantesco. Bíblico, ya que estamos.

Tres clavos

Una corona de espinas en la cabeza un día, otro día, otro día y otro día, acaba sangrando y haciendo brecha. Al final, te inmunizas al dolor, hasta que él vence. Nos habíamos inmunizado al sufrimiento, a la mediocridad anual de nuestro equipo.

Y ahí estaba la Deuda, un día, otro día y otro día. Primer clavo. Y los fichajes extraños un verano, otro verano y otro. Segundo clavo. Y los entrenadores: uno, otro, y otro. Tercer clavo. Y la directiva, una sola -impertérrita, egoísta, anticuada- con el martillo listo. Y aquí está el final.

Un camino, el de Estu de Ramiro, del que se han ido marchando varios de sus compañeros. Algunos incapaces de andar por su propio pie y subir la última cuesta; otros afectados por tal virus; y alguno incluso convirtiéndose en el mismísimo José Juan Judas Barea.

Mucho peso encima, más que nunca en 73 años de vida. Y ya con la Cruz cargada y los clavos firmes, escapar es imposible. Fallan las fuerzas, tiemblan las rodillas y los 12000 tuyos, para más desgracia, no están ahí para apoyarte. Quizá mejor, porque presenciar una muerte en directo no es plato de buen gusto.

No hay escapatoria. La Crucifixión es un hecho.

Todo o nada

O casi nada, mejor dicho. Nos ilusionamos en la previa, para qué mentir. Apelamos a la heroica, al espíritu de León, a la canasta de Pancho Jasen en Valladolid, a Garibaldi, a Ramiro…cada cuál a su santo. Pero por otro lado, sabíamos que era más difícil que nunca.

Esta vez no había un Murcia enfrente. Era otra cosa: llegaba el campeón de la Champions, el Burgos. Sin reservar nada, pues se jugaban asegurar la sexta plaza. Una preocupación que podía haber aminorado si Estudiantes hubiera contado con toda la plantilla. ¡Qué digo toda, con al menos la mitad!. Y ojalá.

Ni el mejor guionista de Hollywood fabrica un final de la película tan redondo, que no feliz. Porque eso de que el epílogo siempre es bonito será para otros. Un filme de secundarios elevados a protagonistas en la escena más importante de la película. Chavales jóvenes en su papel más determinante y en el escenario más complejo que se pudieran haber imaginado.

Respondieron con nivel, madurez y carisma. Fue lo mejor de ayer. Ver a Sola luchando hasta la última bola, a Rubén Domínguez multiplicándose en los dos aros, y a Nacho Arroyo llevando la voz cantante de todo el equipo cuando más viento hacía. El futuro es un poco más ilusionante con ellos, sea donde sea. Pero bueno, tampoco es hoy el día para ilusionarse, qué narices. Lo de ayer no fue grave. Lo grave es llegar a ayer.

Grave, inútil, jodido e inexplicable

Lo grave es perder los últimos nueve partidos de liga. Lo inútil es fichar a jugadores como Laksa -un Bullock 2.0- y no confiar en la cantera desde hace semanas, por mucho proceso de ascenso en el que ellos estuvieran inmersos.

Lo jodido es comprobar como Brown se borró del final del partido, como Cvetkovic quiso hacerse el héroe o como los árbitros cumplieron su cometido hasta el final. Y no el de arbitrar, ya saben.

Lo inexplicable es cómo te puedes jugar la temporada, tu vida, tu historia sin el mejor jugador que tienes. Cómo dejas a Delgado en el banquillo en los últimos minutos. Cómo Jota erró una y otra vez en sus decisiones más determinantes. Sí, Burgos no pudo hacer falta a Delgado. Lo que sí pudo hacer fue cogernos cuatro rebotes, meternos tres canastas debajo del aro y sentenciar el partido.

Porque le puedes sentar un minuto, para que beba un agua, esperando a que el equipo de Peñarroya colapse en defensa sin Delgado. Pero si no sucede, y no sucedió, te juegas el año con él en pista. Por rebotes, por defensa, por actitud, por compromiso. Por todo. Leñe, que no era tan difícil.

Hay más.

Cómo Jota dejó a Arroyo en el banquillo después de asegurar, cara a cara en un tiempo muerto, que confiaba en sus chavales. Su charla levantó al equipo, especialmente al base chileno, que anotó ocho puntos casi consecutivos. Y va el tramo final, ¡y le quita!. Porque lo de Delgado tiene un poso táctico, pero lo de Nacho no. Más con el partido que estaba haciendo él y, en contra posición, su sustituto Cetkovic, el de la piedra final. Adiós a cualquier esperanza, si es que la había.

Le doy vueltas y comprendo al equipo. Alabo la actitud de todos, especialmente de Vicedo, literalmente cojo y con muletas hasta hace dos días. Quiso ayudar y se agradece el compromiso, visto el percal.

Pero si le doy más vueltas, encuentro agujeros. El inicio, por ejemplo. Un manojo de nervios que puso a Burgos hasta doce puntos arriba solo en el primer cuarto, donde se encajaron 30 puntos. Estudiantes fue un juguete en sus manos hasta que apretamos atrás, ya en el segundo cuarto. Realmente, solo perdimos el primer cuarto. Se han repetido esos vicios hasta la saciedad: sin defensa, sin concentración, a expensas de la calidad individual de los nuestros.

No voy a repasar mucho más el partido. Pienso que las decisiones del final fueron determinantes, pese al trabajo de ayer, las bajas, el covid, Judas y demás. Porque al final, ‘solo’ había que ganar UN partido. Y no se hizo. Y deben haber responsables. Ninguno está en el banquillo, por cierto.

Honores, además de los chavales y del capitán a una pierna, para Sakic -el último en llegar y casi lo salva él solo-, Delgado -ídolo perpetuo, un profesional de aquí a República Dominicana-, Jackson -tan maltratado por las lesiones como comprometido por la camiseta- y Avramovic -que se ha dejado corazón y cabeza por este escudo-. Al resto, gracias (si acaso) y suerte.

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro. Al llegar, se encontraron con que la piedra que lo cerraba había sido removida. Entraron, pero no encontraron el cuerpo de Jesús. Estaban aún desconcertadas ante el caso, cuando se presentaron dos hombres que les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?  No está aquí: ha resucitado».

La Crucifixión es un hecho.

O no.

Fotos: J.Pelegrín.

Nos leemos, pase lo que pase, la semana que viene.


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