El Fernando Martín de Fuenlabrada es una casa de fantasmas. No precisamente por su silencio. Hogar de fantasmas que llevan más de una década recibiendo al Estudiantes por todo lo alto. Espectros malditos que hacen del pabellón inexpugnable para los visitantes de camiseta azul desde hace 13 años. Ni siquiera esta temporada, cuando las sensaciones parecían más distintas, se acabó con el hechizo.

Fuenlabrada llevaba ocho partidos consecutivos sin conocer la victoria, que se dice pronto a estas alturas de temporada. Ocho. Movistar Estudiantes llegaba al derbi del sur con la moral alta tras la notable victoria ante Gran Canaria. Con personalidad y valentía. Pero, fantasmas enfrente, cundió el miedo y regresó el viejo Estu.

El viejo Estu de la irregularidad, capaz de hacer un serio primer cuarto (19-24 con ventajas de más de diez puntos) y encajar 33 puntos tras el descanso. Nada que ver la segunda imagen con el inicio prometedor, comandado por un Arteaga infalible cerca del aro. Hasta Víctor era un arma ofensiva válida. Montakit Fuenlabrada, además, no dejaba de perder balones. Ni rastro de los fantasmas.

El viejo Estu de las desconexiones defensivas, que empezaron en el segundo cuarto. Ese equipo antiguo que crea MVPs. Hoy el galardón se lo llevó Tomás Bellas. Los de Dzikic no encontraron forma de pararle. Puntos, asistencias, faltas…el base sumaba roto tras roto en la defensa colegial.

El Estu viejo que retornaba a porcentajes mínimos de acierto en el tiro, con la precipitación por bandera. Menos del 30% en triples, y rozando el 51% en tiros de dos. Fuenla se fue al 69%, nada menos.

Pero si algo caracteriza al viejo Estu son las pájaras del tercer cuarto. La de hoy fue mayúscula. 26-4 para acabar en un 33-14. Es decir, el partido por la borda. Una inestimable ayuda defensiva (pasillos centrales, escasos ajustes, falta de comunicación) permitió el despegue del Fuenlabrada, al que le salía todo. Bobrov, sin oposición en la pintura y Eyenga y Liggins castigando desde la pintura y el perímetro respectivamente. Cuestión de confianza.

Hasta el banquillo recordó al viejo Estu. Inmovilismo, caras bajas y un parcial sangrante que no tenía fin. Dzikic, como sus jugadores, no tuvo su mejor día. No dio con la tecla, y el hundimiento del tercer cuarto fue definitivo.

Hasta en las cosas buenas, el Estu recordó a su antecesor. Al del equipo de Brizuela-que no conoce mal partido (22 puntos). Y al del maquillaje -recuerden los puntos de Gian Clavell el curso pasado-. De nada sirvió el parcial final de 18-26 del último cuarto. O sí: quién sabe cómo andarán los dos equipos allá por el final de liga en el basketaverage.

Y entre tanto recuerdo antiguo, savia nueva. 25 minutos, 10 puntos y 3/4 en triples para el joven Dovydas Giedraitis. Pese a que la puerta del Fernando Martín sigue intacta, el lituano ha derribado varias de manera interna. Es, sin duda, la gran y única noticia positiva del Movistar Estudiantes en Fuenlabrada.

 

 


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